De la tauromaquia y esas cosas… 3ª parte

“Al final de tu vida sólo tres cosas importan: lo mucho que amaste, lo bondadoso que fuiste y la facilidad con que dejaste ir lo que no era para ti”. - El Señor Buda.

Redactado por: The Lizard King/Por Nuestros Hermanos Sin Voz…De la tauromaquia y esas cosas

… Sencillamente, la explosión de la vida es la mayor maravilla del Universo, y se traduce en la biodiversidad.
En esta tercera entrega, intentaremos explicar las partes que componen la lidia de un toro y lo que va sucediendo desde que la infortunada bestia pisa el ruedo, por su propio pie, hasta que es sacado a rastras, como consecuencia de la infame tortura a que es sometido. Pero antes, me voy a permitir transcribir unas palabras del reverendo padre Pedro Herrasti, contenidas en el folleto “La razón y la fe”(p.l): “El Reino Animal es prodigioso. Con una paciencia infinita el hombre ha estudiado el comportamiento de los animales de todas las especies y los hemos podido contemplar ahora en maravillosos reportajes en video: delfines, arañas, nutrias, aves, simios, gusanos, etc., han pasado ante nuestros ojos revelándonos un mundo de finísimos instintos, de comportamientos asombrosos y complejos. El reino animal, ciertamente nos habla de la sabiduría infinita y de la creatividad de Dios.
“Los animales cumplen su cometido a la perfección, sin saber siquiera lo bien que lo hacen. Programados por Dios, observados por el hombre, realizan su vocación ecológica invariablemente”. Como el lector puede constatar, todo esto lo podemos presenciar y contemplar en nuestro planeta, testificando que sencillamente, la explosión de la vida es la mayor maravilla del Universo, y se traduce en la biodiversidad.
Ahora, pasemos a relatar las partes que componen la lidia del toro.
Se abre la puerta de toriles, y la víctima inocente sale llena de energía y entusiasmo, porque corre en todas direcciones del ruedo y embiste alegremente el capote del torerito. Pero la tortura comienza al abrirse el tercio de varas, donde el picador le clava una enorme lanza exactamente en la cruz o morrillo, haciendo un boquete para que pueda traspasar la espada del torerito, y a su vez, el cornudo vaya perdiendo líquido vital con la profusa hemorragia que ocurre. El tipo de la lanza va a caballo, para darle todas las ventajas de altura y alcance. Por supuesto, que el hermano equino también es lastimado por el tremendo empuje del toro. Son de uno a tres puyazos, dependiendo de la bravura del astado, que a causa de la hemorragia va perdiendo aliento. Acto seguido, viene el tercio de banderillas: tres pares de dardos, pequeñas lanzas con protuberancias cortantes que se afianzan a la carne, que con el ajetreo y su consabido bamboleo enloquecen de dolor. El efecto que consiguen todas estas heridas, es impedir que el toro levante con libertad la cabeza y pueda herir al torerito. Pero el engaño y la frustración apenas comienzan. El toro embiste una y otra vez la muleta (el capote con la espada enrollada)… Sólo que el objeto con que es atraído, no tiene consistencia, es el aire disfrazado de rojo… Cuando la bestia está exhausta, aterrorizada y absolutamente confundida, “adornada” con horrendos palos multicolores, el “valiente” torerito la traspasa por el boquete de los puyazos en la cruz, tronándole la medula espinal, apuñalando sus pulmones y reventándole el corazón (dependiendo de la profundidad de la estocada)… Si el torerito, sólo lo pincha (topar con vértebras, ¡imagínese el lector el horripilante dolor de tales lesiones en la columna vertebral!), el torerito, intentará la “suerte”, una y otra vez, hasta que el toro se doble. Si el animal no ha expirado, se procede al descabello, con un espadín terminado en punta de tridente que clava el torerito en su nuca. Estas bestias son tan fuertes que por lo regular no acaban de morir hasta que son llevadas por las mulillas, en lo que es el arrastre, a las profundidades de la plaza, no sin antes sufrir la mutilación de las orejas y/o el rabo.
Por un momento, ¡sólo por un momento, pongámonos en las pezuñas del desafortunado animal!... ¿NO ES ESO, EL MALDITO INFIERNO…? ¿En qué cabeza enferma cabe que éso es “arte”, “deporte”, “fiesta”, “magia”…? La agonía termina en la soledad, masacrado, desechado… porque es bello, indomable, fuerte, portentoso… ¡Explíquenme, amables lectores, la “razón” de todo ésto! ¡¿Dónde está la lógica!? ¡¿Dónde está la civilización!?

OTRAS “CURIOSIDADES” DE LA LIDIA
Con anterioridad a los años sesenta, era usual emplear banderillas de fuego, provistas de cohetes, que se disparaban al clavarlas, mismas que además producían quemaduras y terror indescriptible en las víctimas al estallar - ¡qué “ocurrencias” tan hermosas han tenido los tauromáquicos!, ¿verdad?. También, no es raro, en caso de que el toro haya sido observado como especial en cuanto a bravura e inteligencia, rellenarle las orejas con estopa, con el fin de causar sordera, e impedir las opciones de defensa y ataque con sus sentidos completos a la bestia, para darle más ventajas a los “valientes” toreritos. Otra práctica tramposa y rastrera para favorecer todavía más a los “valientes” toreritos, consiste en limar y/o achatar las puntas de los pitones del toro, quitándoles el filo, minimizando el peligro para los payasitos en traje de luces.
En la modalidad de rejoneo, el “valiente” asesino va montado sobre un caballo superalimentado, tremendamente fuerte y entrenado, más veloz que el toro, que burla reiteradamente a la víctima, que pierde fuerza con cada rejón o barra de hierro que le clavan. Asimismo, antes de los ’60, eran empleados los rejones de fuego, similares a las banderillas ídem, de efectos sádicamente devastadores… ¡ah, qué ideas tan “padres”, dignas de los hijos del averno!
¡Caray, amables lectores! Como podemos apreciar, esto de la tauromaquia es más bien una pantomima de la valentía… un despliegue de tortura, abuso y crueldad. La fiesta brava es otra muestra del ingenio destructivo del género humano, que por ningún motivo debe ser solapada, porque INCITA A LA VIOLENCIA, AL GUSTO POR EL DERRAMAMIENTO DE SANGRE, A LA ESTUPIDA CELEBRACION POR LA MUERTE CRUEL, VENTAJOSA, ABUSIVA, DE UN SER INOCENTE Y MAJESTUOSO: MI HERMANO, NUESTRO HERMANO, EL TORO DE LIDIA. México y el mundo entero son víctimas de múltiples escenarios violentos, por lo que no podemos autorizar escaparates de tal naturaleza… LA VIOLENCIA SIEMPRE GENERA MAS VIOLENCIA, ASI DE SIMPLE. No podemos seguir llamándonos humanidad, si permitimos en pleno Siglo XXI, la práctica de estos espantosos espectáculos, disfrazados de tradiciones, que indudablemente deben desaparecer en orden a la EVOLUCION Y SUBLIMACION del género humano. La tauromaquia debe quedar sólo como un MAL, MUY MAL RECUERDO.
Como el Señor Buda nos recalca en el epígrafe de esta tercera entrega, la humanidad debe ponderar el mucho amor y bondad hacia todas las entidades vivientes, dejando ir (olvidando) lo que no es para nosotros; esto es, la crueldad, la violencia… El asesinato de todos los seres de nuestro planeta, debe quedar excluido de la esfera del espíritu humano. ¿Ustedes qué piensan, amables lectoras y lectores…?
¡NO MAS CORRIDAS DE TOROS EN MEXICO Y EL MUNDO ENTERO!

Continuará…