Activista y protectora de animales denuncia misoginia institucional, después que Juez liberó a golpeador

La activista, Ireri Carranza exigió justicia con equidad y enfoque de género, “en mi propio caso y en todos los casos, de manera particular en todos donde las mujeres somos las víctimas

Redactado por: Staff

Con un performance, frente a los juzgados, la activista animalista, Ireri Carranza escenificó la injusticia de que es objeto, luego de que la resolución que dictó el Juzgado Décimo Primero de Distrito de Amparo en Materia Penal en la Ciudad de México, resultara desfavorable, hacia ella, liberando de toda culpa al acusado, quien la golpeó el año pasado, por haber defendido a un perrito, calificando el tema como una simple riña entre iguales.
Con integrantes del Colectiva Arte Consciente A. C., escenificaron un juicio oral, dentro del nuevo marco del nuevo Sistema Penal Acusatorio, en donde, afirmó, la activista la realidad que se vive en los procesos judiciales está aún muy lejos de las expectativas sociales despertadas por las promesas y los anuncios oficiales.
Los artistas actuaron escena por escena, la agresión de que fue objeto la activista por un individuo, que hoy se sabe es experto en artes marciales, y su hija, quienes la golpearon al tratar de ayudar a un perrito, que con saña, el citado individuo pateó.
Ireri Carranza explicó que el pasado martes 9 de agosto de 2016, había cumplido “mi rutina diaria acostumbrada, enfocada desde hace más de diez años a la protección y rescate de perros y gatos abandonados en las calles de la Ciudad de México.
Como parte de mi forma personal de vida, les llevo comida a algunos de estos seres olvidados —además de rescatarlos, vacunarlos y esterilizarlos, conseguir recursos para proporcionar atención médica a los que la necesitan y encontrarles adopción a otros—, labores para las que fundé la asociación civil Unión de Protectores de Animales «Por una Vida Digna».
Esa noche sufrí una agresión física que me cambió la existencia: al tratar de proteger a Ruffo, uno de los perritos que he adoptado —un french mini toy rescatado de las calles—y que se había acercado al patio de una casa vecina, recibí como respuesta una agresión física que me desfiguró el rostro y me llevó a recibir cirugía y hospitalización.
Mi perro miniatura se había acercado a olfatear la entrada del patio de una casa vecina, tras lo cual Rafael Sojo Jiménez pateó al animal. Le hice un reclamo verbal, pero el sujeto agresor me respondió con rodillazos en el estómago y puñetazos en la cara.
Es oportuno señalar que, además de la evidente ventaja física del agresor sobre mi persona, ahora sabemos que ese señor es un practicante regular de artes marciales.
Por si fuera insuficiente la agresión injustificada y a manera de complemento, también recibí golpes de Alexis Samantha Sojo Munguía, hija del sujeto que inició la golpiza contra mi persona.
Las consecuencias de esta agresión cobarde fueron un esguince cervical de tercer grado, daño en los ligamentos del cuello y una herida expuesta en el labio superior de tres centímetros, por lo que tuve que ser intervenida por un cirujano plástico.
Así quedé con una cicatriz en la boca de por vida, sin sensibilidad en el labio superior, además de la deformación en la fisonomía de mi rostro, que ahora presenta asimetría en la boca con reducción del labio superior.
Cuando intenté obtener apoyo de los policías y que cumplieran así con su deber, los servidores públicos, en lugar de trasladarnos a ambos a la Agencia del Ministerio Público correspondiente para proceder a la denuncia, nos remitió al Juez Cívico de la Agencia Novena, donde pretendían detenerme a mí, que era la víctima, pero además con el agravante de que yo estaba literalmente bañada en sangre y con heridas que requerían atención médica urgente.
Así que nos remitieron al Juez Cívico de la delegación Miguel Hidalgo, quien amenazante intentó criminalizarme, siendo que —repito— era la víctima, al preguntarme qué era lo que había hecho para que me golpearan, dando pauta de esa forma al acusado para justificar su violencia.
Lo grave del asunto es que se me negó atención médica expedita, además de que los policías presionaron para que conciliara y de esa forma evitar que yo acudiera al Ministerio Público a presentar la denuncia.
Pasaron ocho horas después de la agresión para que yo pudiera hacer mi declaración y luego ir al hospital para ser atendida, pero en ese momento el tejido abierto de mi boca ya presentaba parte muerta y tuvieron que raspar profundo para poder coserme el labio y el músculo interno de la zona.
Presenté mi denuncia ante el Ministerio Público 9 BIS en Miguel Hidalgo y ahí continuaron las intenciones de la autoridad de considerar la agresión como una «riña entre particulares», pero logré hacerme escuchar.
El miércoles 18 de enero pasado, la jueza Elizabeth Alejandra Flores Gaytán, de la Unidad de Gestión Judicial Número 5, resolvió la Vinculación a Proceso Penal, un paso positivo para la causa de la justicia en este caso.
Sin embargo, el domingo 5 de marzo pasado, recibí un citatorio del Juzgado Décimo Primero de Distrito de Amparo en Materia Penal en la Ciudad de México para ser notificada sobre el juicio de amparo promovido por Rafael Sojo Jiménez y su hija.
En una conferencia de prensa, realizada, una vez terminado el performance, Ireri Carranza, precisó que ahora todo parece indicar que la resolución será desfavorable, es decir, el acusado será absuelto y las instituciones de justicia de esta ciudad determinarán que se trató de una simple riña entre iguales.
Dijo que otra vez, en esta ciudad, prevalece la simulación en la procuración de la justicia, mientras el discurso oficial nos dice que vamos por muy buen camino. “Otra vez, las instituciones agreden la dignidad de la mujer a través de la manipulación perversa y autoritaria de la ley. Otra vez, el aparato judicial de la Ciudad de México pisotea los derechos humanos más elementales de una ciudadana, por el hecho de ser mujer”.
Finalmente,”. exigió justicia con equidad y enfoque de género, “en mi propio caso y en todos los casos, de manera particular en todos donde las mujeres somos las víctimas