La cetrería requiere altos niveles de compromiso y dedicación, virtudes que no se tienen en el Zoológico de Aragón

Entre el personal encargado, voluntarios y servicios sociales, las dinámicas del Sendero del Águila le dieron renombre al zoológico de Aragón en cuanto a aves rapaces se refiere

Redactado por: Tamara Blázquez, especialista en la vida silvestre de la organización Proyecto Gran Simio

Las aves rapaces son aquellas que pertenecen a ciertas especies de aves carnívoras, que gracias a sus picos curvos, garras afiladas, y su excepcional visión, cazan otros animales como roedores, reptiles y hasta otras aves y animales pequeños para sobrevivir.

Estas aves han fascinado a la humanidad desde tiempos remotos y así es como surgió el arte de la cetrería, una manera para unir al hombre y el ave por medio de la caza.
Bien decía Félix Rodríguez de la Fuente, padre de la cetrería moderna, que “La Cetrería no es solo un sistema diferenciado de caza, sino el arte que ha llevado al hombre a la más profunda alianza con el animal”.

Por supuesto, la cetrería ha cambiado a través del tiempo. Hoy en día es más un deporte y también la mejor manera de rehabilitar aves rapaces en cautiverio, prepararlas para una re introducción a vida libre, o bien, proporcionarles un estilo de vida lo más parecida a la natural en caso de no poder ser re introducidas a su medio.

Sin embargo, esto no quiere decir que todas las aves que reciben un entrenamiento basado en cetrería se encuentren en las mejores condiciones, y esto depende mucho de las personas que lo estén llevando a cabo. La cetrería no es para cualquiera. Requiere altos niveles de compromiso, dedicación, paciencia y me atrevo a decir que respeto, ética y admiración por él o las aves que se tengan bajo cuidado además de una preparación teórica y práctica extensa en cuanto a este arte y las rapaces.

Y desafortunadamente, este es el caso de las aves en el zoológico San Juan de Aragón en la Ciudad de México. Aquí, el área de aves rapaces o “Sendero del Águila” empezó con la idea de generar un espacio para que las aves pudieran ser entrenadas bajo los principios de la cetrería y así poder volar libres y ser, justamente, aves.

Esto por supuesto, trajo muchos beneficios para las rapaces. Primero, mejorías en su salud al poder ejercitarse, recibir la luz del sol, aire fresco, y una alimentación adecuada y bastante parecida a lo que cazaría en vida libre. Segundo, al estar acostumbradas al manejo humano, las revisiones médicas, y en su caso, tratamientos se llevarían a cabo sin generar estrés en ellas y de una manera más fácil y rápida. Y tercero, se tendría el beneficio de poder llevar a cabo una exhibición de vuelo para el público en la cual se pudiera enseñar a la sociedad sobre estas aves y su importancia en el medio natural, así como quitar estigmas y mitos relacionados a las rapaces.

Durante algunos años el área de rapaces funcionó muy bien bajo estos conceptos. Las aves se encontraban en buen estado de salud y había un interés genuino por mantenerlas en buena salud y hacer lo posible por garantizar su bienestar tanto físico como psicológico, ya que los vuelos también funcionaban como enriquecimiento animal y evitaban comportamientos aberrantes como lo son las estereotipias. Entre el personal encargado, voluntarios y servicios sociales, las dinámicas del Sendero del Águila le dieron renombre al zoológico de Aragón en cuanto a aves rapaces se refiere.

Tristemente esto cambió hace apenas dos años, cuando en un periodo de unos cuantos meses, del 2015 al 2016, 7 de las aves rapaces del área murieron a causa de la indiferencia y falta de atención del personal y al poner como prioridad la exhibición de vuelo sobre la salud de las rapaces. Estamos hablando de un tercio de una población de 24 aves. Cada una murió por una causa diferente, y cada una de las muertes pudieron haberse evitado.

Y esto no es todo, la salud de otras de las aves decayó, en algunos de los casos esto se relaciona a la falta de alimento y entrenamientos deficientes o excesivos.

El entrenamiento basado en la cetrería, requiere que haya un apetito sano con una moderada reducción del alimento para que el ave vuele hacia la persona que le ofrece la comida.

Sin embargo, una reducción drástica de la cantidad de alimento, ocasiona estrés y ansiedad en el ave y esto, a su vez, puede ocasionar otros problemas de salud. Sin mencionar que al reducir tanto la comida se está obligando al ave a volar y ésta ya no lo hace por el gusto de volar al cetrero, sino por hambre.

En el peor de los casos el hambre no sólo ocasiona el estrés y ansiedad que mencionamos sino que da pie a que el ave contraiga distintas enfermedades al encontrarse débil, con un sistema inmune comprometido y también se pueden generar desordenes metabólicos. Un buen cetrero jamás antepondrá necesidades frívolas a la salud de una de sus aves. “Desainar” o ir bajando de peso a un ave para prepararla para la caza, bien se dice que es un arte. Y eso es porque requiere no sólo de buenos conocimientos, sino de una sensibilidad hacia el ave, de un buen poder de observación y de mucha paciencia. Acelerar este proceso solo trae desastres. Así sucedió con otra de las aves de Aragón que entre hambre y enfermedades, terminó con una falange amputada después de picarse ese dedo por la ansiedad.

No se puede dar un mensaje de conservación y protección de éstas aves al público cuando el mismo zoológico está llevando a cabo actividades que dañan su salud. Una exhibición de vuelo bien organizada y planeada, que sea resultado del entrenamiento bien hecho para el bienestar de las aves, es benéfica tanto para las rapaces como para el público. Pero “el show” ha tomado prioridad para el zoológico. Solo importa que las aves vuelen cada fin de semana, aún sin estar listas o estando cansadas de tantos años de vuelos forzados, para que la gente pueda tener sus 20 minutos de diversión. La salud y bienestar de las aves, lo cuál se supone era lo primordial para poder dar este mensaje al público, quedó de lado.

Y justo, se nota que la prioridad es exhibir a los animales con el caso de la Cóndor de los Andes, Melita. La cual vive en un exhibidor de unos 5 metros de largo que apenas le permite extender sus alas, las cuales tienen una envergadura de 3.30m de largo.

Aquí ella no puede volar, apenas saltar y se le ha observado sobre acicalando sus plumas, lo cual también es por aburrimiento, estrés o la falta de actividad. Es una lástima que nunca se llevó a cabo el plan de sacarla a volar, al menos no hasta donde hemos podido observar ni cuándo fui voluntaria en el área.

Sus días consisten en el encierro mientras que la gente solo pasa a verla sin saber si quiera que especie es. Pero irónicamente, con las demás aves no tan carismáticas como la cóndor, ocurre lo contrario: Ya no las sacan a sus exhibidores a recibir un poco de sol y respirar aire fresco. Con excepción de las aves que se usan en la exhibición, Melita la cóndor y la familia de aguilillas rojinegras, no se pueden observar al resto de las aves afuera.

De nuevo podemos recurrir a la buena práctica de cetrería donde es bien sabido que a menos que las aves se encuentren en período de muda (de plumaje), es importante que salgan al sol y se refresquen con el aire. Pasar todos los días encerradas, por supuesto que daña su salud. Algo que se ha olvidado en el área.

Por supuesto, al no ser animales tan carismáticos para el público como lo es un gorila o un león, ha sido fácil ocultar o mejor dicho, no dar importancia a estas aves, su salud y sus muertes, como si nunca hubieran existido. Tan es así que al denunciar los hechos y hablar con el entonces director de los tres zoológicos capitalinos, su respuesta fue “no estar enterado del caso” y la directora de Aragón solo respondió con que “hay épocas en que la mayoría de los animales mueren de repente”.

Los zoológicos capitalinos tienen graves problemas, los animales están muriendo, o están enfermos y descuidados. No se trata solo de unos cuantos casos de muertes “famosas”, estas son síntomas del problema. Han muerto y siguen muriendo muchos más animales. No se pide un cierre, por supuesto, eso sería fatal. Lo ideal sería una transformación de los zoológicos a instituciones donde la prioridad sean los animales, su bienestar y su conservación, no su exhibición ni divertir a a la gente con ellos.

Con los logros en la reproducción de lobo mexicano y cóndor californiano, los zoológicos han demostrado que al enfocarse justamente en los animales, su bienestar y sus necesidades, y no en la exhibición, es cuando efectivamente, se obtienen grandes resultados.