Chimalpopoca: crónica de un reportero - brigadista

Casi dos horas después nos pidieron guardar silencio, habían encontrado una persona que lograron sacar en ambulancia. “¿Sabes si está vivo?”, preguntó uno los voluntarios, “no se sabe, sólo los médicos y ellos están lejos de nosotros”.

Redactado por: Ulises García

Por fin había llegado a la delegación Cuauhtémoc para apoyar como brigadista para la madrugada, esa fue mi intención, para las 21:48 del 19 de septiembre ya me encontraba en aquel espacio que había sido transformado en un mega centro de acopio.

Espacios de más de 300 metros cuadros era sólo para acumular agua, alimentos perecederos, cobijas, pilas, entre otros tipos de insumos. Este lugar era nutrido por camionetas, motocicletas, motonetas, y hasta carritos de supermercados, que venían cargados de víveres provenientes de centros de acopio de menor tamaño como las casas de los vecinos, Organizaciones No Gubernamentales, e incluso hospitales que ya no necesitaban tanto insumo y que preferían darlos y recibir medicinas.

Cada vez que venía uno de estos vehículos se agrupaban un grupo de más de 15 o 30 personas, los que estaban hasta al frente gritaban “¡cadena!”, y en ese momento esa agrupación se extendía hasta formar una fila para abastecer del vehículo hasta la zona designada para almacenarlo, y la terminar venían los aplausos y las gracias para quienes habían venido a dejar aquellos víveres.

Pero no era suficiente, por lo que más de 50 personas se apuntaron en una lista que estaba haciendo personal de la delegación para ya sea atender albergues o ser brigadista, te pedían tu nombre completo y número de celular, ello para mantener contacto con uno por si ocurriera otro sismo.

Una vez llenada aquella hoja en blanco con diez nombres se entregaban al coordinador y ahora si a esperar a que te asignaran una ubicación. Previamente, antes de nosotros, ya había salido un grupo de 40 para ir a coadyuvar a zonas como Condesa y Polanco.

Mientras uno espera seguían llegando autos y camionetas con agua, colchonetas y cobijas, se formaban las cadenas y así fue hasta que caso dos horas después llego el coordinador: A ver ustedes, los que van a ser brigadistas, formen filas de diez personas y vayan con el amigo de casco amarillo y chaleco, él les dará instrucciones.

Al final fuimos más de 50 personas las que estaban formadas. “¿Todos tienen mascarillas y guantes?”, preguntó el tipo de casco. “No, no todos”, dijo un joven de unos 18 años. De repente alguien abrió su mochila y empezó a repartir guantes de carnaza y cubrebocas industrial, “aquí tienen, no son muchos pero aquí pueden servir”.

Los que alcanzamos nos lo pusimos enseguida, ya que habían varias personas mejor equipadas que otras, hasta con cascos y extensiones para luz, después de ello ya habían llegado varios vehículos, y ahora si, como si fuéramos “mojados” nos dirigíamos rumbo al sitio que requería ayuda. “Oigan, a alguno le dijeron a dónde vamos”, dijo una joven. “Eso no importa, a donde nos llevan es para ayudar”, respondió otro.

Para las 23:45 descendimos de los vehículos, antes de llegar mucha gente iba dando tortas, agua o café a quienes sabían que iban a entrar a la zona afectada, algunos aceptaron otros no. Un padre lo quitó una torta a su hijo que había aceptado de una señora, “no seas tonto, si cenas antes de trabajar te va a doler el estómago y nosotros no venimos a dar problemas”, dicho ello, regreso la torta a la señora.

Íbamos avanzando entre filas de autos que se detenían a dar ayuda y otros que les urgía llegar a su destino, hasta que llegamos a una zona acordonada por funcionarios de Protección Civil. El tipo de casco se le acercó, hablaron algo, y en ello levantaron el cordel y dijo: van a entrar a ayudar, encamínelos.

El tipo de casco amarillo nos dejó ahí y otra persona nos llevó por una calle sin luz, “¡no manches, no hay nada de luz aquí, ¿cómo le hacen?” señaló un joven, “usan planta de luz pero en la zona afectada, aquí no porque no es necesario, y si viste electricidad por donde veníamos fue porque es avenida principal y en donde estamos son calles secundarias”, respondió un hombre de 45 años.

Al salir de la calle oscura por fin vimos algo de luz, eran de unas luminarias, se venían grupos de personas: vecinos, policías, voluntarios, médicos, y personal de Protección Civil. Mientras nos acercábamos los vecinos nos decían: ya cenaron, aquí hay agua, café y comida, pero ya nadie aceptó. Nos íbamos acercando a dónde provenía un olor de maquinaria, gas quemado, y polvo.

“Están en Chimalpopoca y Simón Bolívar y aquí había una fábrica de textiles, hay gente atrapada, así que los que no traigan herramienta y guantes no van a pasar y hacen una fila a la derecha, es para que ayuden a repartir alimentos, los que tengan lo que mencioné hacen otra a la izquierda, y una vez que se formen van a esperar a los que están adentro porque ustedes son relevos”, dijo una chica de protección civil que traía casco y vestimenta llena de polvo.

Esperemos una hora pero los que traían herramientas o las pedían prestadas a quienes iban saliendo, lograron entrar. Mientras entrabamos la gente aplaudía a quienes iban de salida para descansar: hombres, mujeres, jóvenes y adultos.

Al pasar el retén policiaco, pues era resguardado para impedir que civiles se acercaran y estorbaran el paso de vehículos pesados, ahora si a trabajar, a llenar cubetas con escombros por medio de una pala y llevarlas hacia el camión hasta llenarlo, las piezas grandes se destruían con mazos, marros o rotomartillos, las motosierras era para los trabajos por dentro de la fábrica. De en vez en cuando salía un tipo de casco blanco de la Cruz Roja Mexicana o alguien del H. Cuerpo de Bomberos para anunciar (gritar) lo que se necesitaba y hacía falta: ¡segueta, busquen una segueta, pidan diésel para la motosierra! Todo ello mientras los demás se dedicaban a llenar los camiones con escombros. Cada vez que salía un camión la gente aplaudía pues sabían que así reducían el tiempo de espera para sacar a la gente atrapada.

Casi dos horas después nos pidieron guardar silencio, habían encontrado una persona que lograron sacar en ambulancia. “¿Sabes si está vivo?”, preguntó uno los voluntarios, “no se sabe, sólo los médicos y ellos están lejos de nosotros”. Minutos después desalojar el lugar pues iba a entrar “un bulldozer” y una excavadoraporque ahora se necesitaba mover material muy pesado.

“Al parecer hasta aquí llegamos, será mejor comer algo y regresar a la delegación para saber si aún podemos ayudar”, dijo un tipo de casco muy fatigado, íbamos hacia la carpa de víveres, donde las mujeres estaban dando comida para los voluntarios y brigadistas. Comimos y nos regresaron a la delegación, no pasaron unos minutos de bajar del vehículo cuando alcance escuchar por la radio de uno de uno de los policías y del coordinador de la delegación: se colapsó un edificio en Medellín y Viaducto, hay personas intoxicadas, solicitamos leche y agua. Es decir horas después del sismo de 7.1 grados habían edificios colapsando…