Pote, el descubrimiento de una nueva especie de perezoso gigante

De cariño, al perezoso gigante lo llamaron Pote, pero su nombre científico es Xibalbaonyx oviceps.

Redactado por: Staff

A 50 metros bajo el agua, en el fondo del cenote Zapote, del estado Quintana Roo, un grupo de exploradores y científicos encontró el esqueleto, casi completo, de una nueva especie de perezoso gigante.
De cariño, al perezoso gigante lo llamaron Pote, pero su nombre científico es Xibalbaonyx oviceps. Sus descubridores lo nombraron así en referencia al lugar donde fue encontrado: un cenote, la entrada al inframundo maya Xibalba. La terminación onyx, del griego, es por sus grandes garras y oviceps hace alusión a su cráneo en forma de huevo, que es ovum en latín.
Pote fue descubierto por el explorador Vicente Fito, quien reportó el hallazgo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Quintana Roo; y la arqueóloga subacuática Carmen Rojas Sandoval fue la encargada de dirigir el rescate del esqueleto.
El equipo de exploradores y arqueólogos logró rescatar el cráneo, la mandíbula, siete garras y nueve vértebras, tres huesos largos y tres costillas. Y su estudio morfológico fue lo que les permitió determinar que se trataba de una nueva especie de perezoso gigante, que pudo haber medido hasta tres metros y pesado más de una tonelada.
Estudiar a Pote fue un trabajo interdisciplinario que involucró a más de 20 especialistas de México y Alemania, y a los fondos aportados por el INAH, el Museo del Desierto de Coahuila, la Universidad de Heidelberg y el Instituto de la Prehistoria de América, AC. Los resultados de este esfuerzo se publicaron en este año en la revista científica PalZ.
¿Cómo era el mundo donde vivió Pote?
Los huesos de Pote tienen tanto tiempo bajo el agua que la mayoría del colágeno que los componía ya se ha disuelto en el agua del cenote, esto dificulta el fechamiento con la técnica de Carbono 14. Aún así, en el Laboratorio de Espectrometría de Masas (Lema) del Instituto de Física de la UNAM lograron calcular la edad de uno de sus huesos, que tenía entre 12 mil 600 y 12 mil 300 años.
La selva que hoy se puede ver en el estado de Quintana Roo no existía cuando Pote vivió en la península. Los cenotes y las cuevas tampoco estaban inundados de agua, pues el nivel del mar estaba, por lo menos, 100 metros por debajo del nivel actual.
“Nosotros buceamos cuevas que en el pasado estaban secas. Además arriba no había esta selva sino pastizales o bosques. Esta transformación del escenario, los arqueólogos podemos estudiarla gracias a la evidencia que existe en las cuevas y que en la superficie no se había conservado”, explica Carmen Rojas.
La difícil conservación de los huesos
Rescatar restos óseas que llevan miles de años bajo el agua es tarea delicada. Los huesos adquieren una consistencia parecida a la de las galletas en el café, si los sacáramos sin ningún cuidado del agua se desintegrarían, explica la investigadora del INAH. Los restos deben rescatarse del cenote en un recipiente sellado y lleno con el agua del lugar en el que se encontraron.
Además está la cuestión del buceo en cueva, una actividad que por sí sola ya es de alto riesgo. “Un perezoso gigante medía alrededor de tres metros y pesaba una tonelada, su cráneo y sus esqueleto son complicadísimos de recolectar, llevar a seco, restaurar, almacenar y estudiar”.
De hecho, cambiar el agua de cenote, en la que se encontraban los huesos, por agua destilada, le tomó a Jerónimo Avilés Olguín, director del Instituto de la Prehistoria de América, ocho meses. Después de eso hubo que secar el esqueleto poco a poco y darle por un mes baños de acetato de polivinilo a diferentes diluciones, para solidificarlo. Pasó más de un año para que los huesos de Pote se pudieran tocar sin desintegrarse.
Un trabajo que continúa
Hace 30 millones de años los perezosos gigantes ya rondaban Sudamérica. Conforme pasaron los años estos animales se diversificaron y fueron subiendo por el contiene, probablemente nadando, probablemente flotando en islas de vegetación que vagaban por el océano, hasta llegar a Norte América, a donde llegaron, por lo menos, hace ocho millones de años, cinco millones antes de que se pudiera llegar caminando.
En México la evidencia de su presencia es muy escasa y se encuentra dispersa en el territorio nacional. De hecho, antes de Pote, solo se conocían cuatro especies de perezoso gigante en el país.
Pero el cenote Zapote y otros 12 sitios de la región con restos de perezosos gigantes, hacen pensar a los investigadores que este animal era bastante común en la península y que existió una amplia variedad de especies.
El estudio de Pote continuará, pues no todos su restos fueron rescatados del cenote, algunos huesos aún permanecen bajo el agua. El equipo de investigación planea seguir con el estudio y colectar el resto del esqueleto en el 2018.