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La edad promedio de los fundadores de empresas de mayor crecimiento en EE. UU. fue de 45 años, según el MIT

Después de los 40: ventajas de llegar a una franquicia

Llegar a los 40 años no necesariamente significa mantenerse en el mismo camino profesional hasta el retiro. Para quienes han pasado años en ventas, dirección, administración, negociación o desarrollo de negocios, esta etapa puede abrir la posibilidad de transformar ese conocimiento en un proyecto propio. La diferencia está en que ya no se parte del mismo punto que a los 20 o 30: existe un recorrido profesional que puede convertirse en un activo para tomar decisiones y elegir dónde invertir tiempo y recursos.

Después de los 40: ventajas de llegar a una franquicia
En México, el 57.8% de las personas fundadoras encuestadas por ASEM se ubicó entre los 35 y 54 años

Un estudio realizado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) encontró que la edad promedio de los fundadores de empresas fue de 41.9 años, mientras que entre las compañías ubicadas en el 0.1% de mayor crecimiento llegó a 45 años. El análisis incluyó a 2.7 millones de fundadores en Estados Unidos y encontró que, entre quienes iniciaban una empresa, una persona de 50 años tenía 1.8 veces más probabilidades que una de 30 de alcanzar un crecimiento ubicado en la parte superior de la distribución.

La realidad nacional también muestra un escenario diverso. La Radiografía del Emprendimiento en México 2025 de ASEM reportó que 57.8% de las personas fundadoras de empresas se encontraba entre los 35 y 54 años al momento del estudio.

Más que establecer una edad ideal para emprender, las cifras permiten entender desde dónde parte una persona al llegar a la cuarta década de vida y decidir dar ese paso. Con esta perspectiva, Coldwell Banker México, firma maestra inmobiliaria con presencia a nivel nacional, comparte seis aspectos que conviene considerar para transformar la experiencia profesional en un negocio propio.

  • La experiencia profesional puede convertirse en capital puro para lograr resultados óptimos. Después de años de trabajo, habilidades como negociar, administrar recursos, dirigir personas o entender a un cliente pueden convertirse en herramientas para operar un negocio. El reto está en identificar dónde tienen mayor valor y elegir una actividad que corresponda con las fortalezas, intereses y objetivos de quien la encabezará.
  • Una red profesional también puede abrir nuevas oportunidades. Una carrera también construye relaciones con clientes, proveedores, colegas, empresarios y especialistas que pueden formar parte de un nuevo proyecto. Esa red no garantiza resultados, pero sí puede facilitar el acceso a oportunidades, recomendaciones y alianzas que tomaría tiempo construir desde cero.
  • La experiencia también cambia las prioridades. Después de los 40, la decisión de dar el salto puede responder a objetivos distintos de los que se tenían al inicio de la vida profesional. Rentabilidad, nivel de riesgo, tiempo disponible y potencial de desarrollo adquieren mayor peso al elegir un negocio. Por ello, la decisión no debería centrarse únicamente en qué actividad desarrollar, sino en qué tipo de proyecto se quiere desarrollar a mediano y largo plazo.
  • No todo proyecto exige construir desde cero. Crear una empresa independiente implica desarrollar marca, procesos, estrategia comercial y operación. Una franquicia permite partir de una estructura previamente desarrollada, con elementos como capacitación, tecnología, metodología, herramientas comerciales y acompañamiento. Esto permite concentrarse en la operación, la generación de negocio y la dirección del proyecto.
  • El sector inmobiliario necesita mucho más que vendedores. Requiere perfiles capaces de negociar, administrar, atraer talento y desarrollar estrategias comerciales. Un profesional de finanzas, por ejemplo, puede aportar su conocimiento del mercado; uno comercial, su capacidad de negociación; y un directivo, su liderazgo. Las habilidades acumuladas pueden convertirse así en una ventaja para arrancar con una una base sólida.
  • El verdadero cambio no es la edad, sino la forma de construir. Una franquicia inmobiliaria también permite asumir un papel distinto dentro de la operación. Más allá de la venta individual, quien está al frente puede enfocarse en atraer talento, establecer procesos, generar oportunidades comerciales y tomar decisiones sobre el rumbo del negocio.

Esto cambia la perspectiva: el objetivo ya no está únicamente en cerrar operaciones, sino en crear las condiciones para que una estructura comercial funcione, se fortalezca y pueda crecer.

  • Antes de invertir, el esquema también debe hacer sentido. Una franquicia no se elige únicamente por el reconocimiento de una marca. Para asegurar el éxito, es necesario revisar inversión, regalías, gastos operativos, territorio, capacitación, soporte y condiciones contractuales, además de las características de la plaza y su mercado inmobiliario. También es importante conocer cómo funciona el acompañamiento al franquiciatario, qué herramientas tendrá a su disposición y cuáles serán sus responsabilidades en la administración y el desarrollo del negocio.

Investigar, comparar alternativas y acercarse a especialistas puede marcar la diferencia entre invertir por impulso y emprender con visión. Llegar a los 40 no significa cerrar un ciclo profesional, sino descubrir un horizonte de nuevas posibilidades. Porque la edad no es un freno para emprender, sino una oportunidad para transformar lo aprendido en un negocio propio y abrir la puerta a todo lo que aún está por venir.