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En el marco del Día Mundial de la Alimentación, la organización COME CON CIENCIA advierte sobre la disminución del consumo de uno de los alimentos emblemáticos del país. La sequía, las importaciones y el estigma de considerarlo “comida de pobres” forman parte de los desafíos para recuperar su presencia en la mesa mexicana

México consume más de un tercio menos frijol

El consumo de frijol en México ha disminuido más de un tercio en las últimas cuatro décadas, una tendencia que refleja cambios en los hábitos alimentarios y plantea retos para la promoción de una alimentación saludable y accesible, señaló la organización civil COME CON CIENCIA, en el marco del Día Mundial de la Alimentación.

México consume más de un tercio menos frijol
La organización propone medidas prácticas para reincorporarlo a la dieta cotidiana, como preparar porciones grandes, congelarlas y consumir frijoles varias veces por semana en sopas, tacos o tostadas.

De acuerdo con la serie de consumo per cápita de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) y el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), entre 1980 y 1998 cada persona consumía alrededor de 13 kilogramos de frijol al año, mientras que entre 2019 y 2024 el promedio descendió a aproximadamente ocho kilogramos.

A esta reducción se suman los desafíos de la producción nacional. En 2023, afectada por la sequía, la cosecha alcanzó 724 mil toneladas, el nivel más bajo en tres décadas y 25 por ciento inferior al del año anterior. Aunque en 2024 la producción se recuperó hasta casi un millón de toneladas, las importaciones llegaron a 408 mil toneladas, la cifra más alta de la serie registrada desde 2003.

Para COME CON CIENCIA, recuperar el consumo de esta leguminosa también implica cuestionar el estigma social que la relaciona con la pobreza. La frase popular “frijoles, ni que fuera pobre” expresa una percepción que devalúa un alimento fundamental de la alimentación mexicana, cuyo cultivo en Mesoamérica se remonta a unos ocho mil años.

Además de su importancia cultural, el frijol aporta nutrientes esenciales. Una taza de frijol negro cocido contiene aproximadamente 15 gramos de proteína y 15 gramos de fibra. Combinado con cereales como el maíz o el arroz, contribuye a complementar el aporte de aminoácidos en la alimentación.

“El frijol no necesita que lo rescatemos: necesita que volvamos a ponerlo en el plato”, afirmó Antonio Franyuti, director general de COME CON CIENCIA, quien destacó la importancia de facilitar su acceso en los hogares, comedores escolares y espacios laborales.

La organización propone medidas prácticas para reincorporarlo a la dieta cotidiana, como preparar porciones grandes, congelarlas y consumir frijoles varias veces por semana en sopas, tacos o tostadas. También ofrece un recetario gratuito en www.comeconciencia.org, con alternativas saludables y accesibles para familias y cooperativas escolares.

El llamado busca reconocer el valor nutricional, cultural y social de las legumbres, sin asociar su consumo con una condición económica, y promover hábitos alimentarios saludables y sostenibles.