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En tiempos de aislamiento, incertidumbre y transformaciones sociales, el voluntariado se convierte también en un espacio de refugio y sentido

Día Internacional del Voluntariado: acción solidaria

Cada 5 de diciembre se conmemora el Día Internacional del Voluntariado, una fecha que reconoce la labor de millones de personas e invita a reflexionar sobre el impacto social que generan en sus comunidades, así como el bienestar emocional que experimentan al involucrarse. En este día, Huellas visibiliza el valor del acompañamiento humano en la salud mental y propone el voluntariado como una forma concreta de cuidar a quienes más lo necesitan.

El voluntariado y su rol en la salud mental
Día Internacional del Voluntariado: acción solidaria
En este contexto, trabajos como los realizados por la ONG Huellas cumplen un rol clave: mejoran la calidad de vida de niños que crecen en hogares, adultos mayores que atraviesan soledad y personas en situación de vulnerabilidad social

Desde Naciones Unidas se destaca que los voluntarios contribuyen de manera esencial al avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Entre ellos, el ODS 3 —Salud y Bienestar— subraya la creciente carga global de las enfermedades mentales, una problemática que afecta a personas de todas las edades. Frente a esta realidad, el voluntariado emerge como una herramienta poderosa para promover bienestar emocional, fortalecer vínculos y mejorar la calidad de vida de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

En organizaciones sociales que trabajan sobre el acompañamiento emocional, esta evidencia se manifiesta todos los días: la presencia activa de un voluntario —alguien que escucha, acompaña, juega, conversa o simplemente está disponible— genera impactos concretos en el bienestar de las personas. Diversos estudios muestran que los vínculos humanos estables funcionan como un factor protector clave frente a la ansiedad, la depresión y la soledad, y que el acompañamiento emocional reduce el estrés, refuerza la autoestima y ayuda a reconstruir la sensación de seguridad. La conexión humana, incluso en gestos simples, tiene un efecto reparador que difícilmente pueda ser reemplazado por herramientas tecnológicas o intervenciones impersonales.

Pero el impacto no ocurre solo en quienes reciben la ayuda. Numerosas investigaciones muestran que quienes participan como voluntarios también experimentan beneficios significativos: mayor sensación de propósito, mejor estado de ánimo, reducción del estrés y fortalecimiento del autoestima. Los actos de bondad estimulan la liberación de hormonas asociadas al bienestar —como la oxitocina y la dopamina— que promueven calma, conexión social y una sensación profunda de satisfacción. Este fenómeno se observa tanto en quien ayuda como en quien recibe y en quienes presencian el gesto, generando un “contagio positivo” que refuerza la salud emocional de toda la comunidad.

En tiempos de aislamiento, incertidumbre y transformaciones sociales, el voluntariado se convierte también en un espacio de refugio y sentido. Muchas personas que atravesaron momentos de angustia, duelo o desconexión encontraron en la acción solidaria una forma de recomponer su bienestar, ampliar sus redes y construir amistades significativas. Participar en un proyecto comunitario brinda estructura, propósito y pertenencia, tres elementos fundamentales para sostener la salud mental.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas en el mundo viven con algún problema de salud mental, mientras que solo un 2% del presupuesto sanitario global se destina a este ámbito. Esta brecha evidencia la necesidad urgente de enfoques complementarios que fortalezcan el bienestar desde la comunidad y promuevan vínculos protectores.

En este contexto, trabajos como los realizados por la ONG Huellas cumplen un rol clave: mejoran la calidad de vida de niños que crecen en hogares, adultos mayores que atraviesan soledad y personas en situación de vulnerabilidad social, al mismo tiempo que transforman profundamente la vida de quienes deciden ofrecer su tiempo. La experiencia demuestra que cuando alguien da, también recibe: conexión, bienestar y la certeza de que es posible cambiar realidades a través de la presencia humana.

La realidad de Ciudad de México: una ciudad que enfrenta un desafío silencioso

En Ciudad de México, la salud mental y el suicidio representan un desafío creciente que requiere atención urgente. En 2024, la tasa de suicidios en la capital se situó en 6,1 %, reflejando la magnitud de esta problemática entre la población local. A nivel nacional, se registraron 8.856 defunciones por suicidio entre personas de 10 años y más, con una tasa de 11,2 por cada 100.000 hombres y 2,6 por cada 100.000 mujeres. Los grupos de edad con mayor incidencia fueron los de 30 a 44 años (10,7 por 100.000) y 15 a 29 años (10,2 por 100.000).

Además del suicidio, los problemas de salud mental son frecuentes en la población capitalina. Según un estudio realizado en centros PILARES se recopilaron 868 cuestionarios sobre síntomas psiquiátricos y consumo de sustancias. Los síntomas más reportados fueron ansiedad (50,92 %), depresión (38,02 %) y trastorno de estrés postraumático (43,09 %).

Frente a este panorama, comprender la importancia de los vínculos y la presencia humana se vuelve esencial. El acompañamiento —esa presencia que escucha, sostiene y genera cercanía— no reemplaza la atención profesional, pero actúa como un factor protector clave: disminuye la percepción de aislamiento, fortalece la resiliencia y aporta bienestar emocional. En un país donde tantas personas atraviesan dificultades silenciosas, cada red de apoyo, cada espacio comunitario y cada relación significativa ayuda a aliviar un contexto que duele y que necesita más humanidad.

Un impacto que empieza por uno mismo

La experiencia del voluntariado demuestra, una y otra vez, que los vínculos son una de las herramientas más poderosas para fortalecer el bienestar emocional y transformar realidades. Quienes participan en proyectos comunitarios describen un mismo efecto: al brindar acompañamiento, encuentran también un espacio de crecimiento personal, conexión y sentido. Esa doble transformación —en quienes reciben y en quienes dan— es el corazón del voluntariado.

Día Internacional del Voluntariado: acción solidaria
En Ciudad de México, la salud mental y el suicidio representan un desafío creciente que requiere atención urgente

En Ciudad de México, esta experiencia se vuelve especialmente visible. Desde que Huellas llegó al país a principios de este año y comenzó a trabajar en la ciudad, más de 270 voluntarios se han sumado a las actividades y coinciden en un mismo punto: la participación les brindó una profunda satisfacción personal y un propósito renovado. Acompañar a personas en situación de vulnerabilidad no solo genera impacto en quienes atraviesan momentos difíciles, sino que también fortalece el bienestar emocional de quienes deciden involucrarse. En el voluntariado, lo que se da vuelve; y lo que se comparte, se multiplica.

Por eso, en este Día Internacional del Voluntariado, Huellas celebra a todas las personas que eligen dedicar parte de su tiempo y energía a construir una comunidad más humana, empática y sostenible. Cada gesto cuenta, cada presencia suma y cada persona puede ser parte del cambio. Porque cuando transformamos la vida de otros, también transformamos la nuestra.

Sobre Huellas

Huellas impulsa espacios de acompañamiento emocional para niños y personas mayores en situación de vulnerabilidad, fortaleciendo vínculos y reduciendo indicadores de soledad y aislamiento social.
Si querés sumarte a esta iniciativa y regalar tiempo a un niño o a un adulto mayor que lo necesita, podés ingresar a huellas.social/Voluntariado o seguir a la organización en @huellas.social, donde encontrarás más información sobre cómo involucrarte como voluntario y ser parte activa de esta transformación humana.