Especies endémicas de Xochimilco podrían desaparecer por la caza furtiva, tala ilegal y abandono de perros

Más adelante hallamos rastros de la existencia de cacomixtles, por los excrementos que dejaban, así como evidencia de otros animales, como hoyos de conejo, agujeros de topo, además escuchamos el silbido de una rana

Redactado por: Nadia Monteagudo Galeana

Olor a tierra, elotes asados, una gran fogata y una lluvia incesante fueron elementos que hicieron memorable la visita al Área Comunitaria de Conservación Ecológica (ACCE) de Santiago Tecalpatlalpan en la delegación Xochimilco que se compone de 150.43 hectáreas, y es hogar de 11 especies de encino, 60 especies de hongos, 88 especies de aves, 13 especies de reptiles, y decenas de mamíferos en peligro de desaparecer como armadillos, murciélagos, cacomixtles, en otros, por la caza y tala ilegal, el aumento de jaurías de perros ferales, así como el crecimiento de la mancha urbana.
A poco más de una hora en carro desde las instalaciones de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), en los Viveros de Coyoacán, se llega a la reserva ecológica de Santiago Tecalpatlalpan, en donde es recomendable llevar ropa abrigadora y zapatos, por el frío y la humedad en días de verano.
Al llegar cerca de las 18:00 horas todos los invitados por la Conafor al campamento de la ACCE, nos dimos a la tarea de armar nuestras casas de acampar bajo la protección de un encino, seguido nos ofrecieron una excelente y suculenta taquiza, así como un delicioso y calientito café de olla.
Llegada las 21:00 horas entre el sonar de grillos y algunas luciérnagas, iniciamos la actividad que nos llevó a este lugar, ver animales nocturnos. Así que divididos en 2 grupos de 10 nos adentramos en la zona boscosa, que después de días de lluvias la maleza se había hecho más espesa, afortunadamente nuestro guía Esteban Arenas de la brigada forestal nos ayudó a que nuestro camino fuera seguro.
Después de un rato de caminar en fila e ir diciendo una y otra vez piedra, hoyo, resbaloso, rama, bajada, escalón, con apenas tres lámparas alumbrando el camino no veíamos a nadie, entonces nuestros reporteros Macario el conejo y Cuco el ratón se pusieron impacientes por encontrar a sus amiguitos en el bosque y andaban haciendo ruido, temíamos que espantaran a los habitantes de la zona.
Sin embargo, no nos rendimos y nos seguimos adentrando en la zona, pasamos por una cueva que se usa de vez en cuando como vivienda por personas que no tienen hogar, comentó nuestro guía Esteban, sin embargo, no recomienda hacer eso, ya que es peligroso, inclusive han encontrado algunos cadáveres.
Más adelante hallamos rastros de la existencia de cacomixtles, por los excrementos que dejaban, así como evidencia de otros animales, como hoyos de conejo, agujeros de topo, además escuchamos el silbido de una rana.
Durante nuestra caminata el guía hizo saber varias de las problemáticas que hay en esta zona, como lo es la desaparición de la planta del maguey que es el alimento del murciélago lo que lo pone en peligro de desaparecer, dijo que por las noches llegan personas en camionetas y se roban las plantas para la barbacoa.
También nos contó que el abandono de perros y gatos en la zona es inconveniente, porque se juntan en jaurías de hasta 40 integrantes, en su mayoría ferales, que cazan a la fauna silvestre, de hecho ya acabaron con la zorra de cola gris, conjuntamente con los cazadores ilegales, además de amedrentar a los pobladores.
En continuación con el recorrido, cerca de la una de la madrugada encontramos un cardenal cabeza de fuego en la copa de un árbol, ave pequeña de cabeza roja, es claro que no le gustó que lo molestáramos con luz, así que después de un minuto se fue.
Finalmente decidimos regresar al campamento a dormir, con la ropa mojada, las botas empapadas, lo que aunado al frio y el sonido de la lluvia golpeando las casas fue casi imposible.
No crean que es el fin, llegada las 6:30 de la mañana nos despertamos para seguir con la segunda fase de nuestra visita y eso era observar aves, aunque hacía mucho frio, teníamos sueño y los zapatos seguían mojados, nos animamos con un cafecito de olla caliente y un panecito, otro gesto de hospitalidad de la brigada forestal de la ACCE y Conafor.
La verdad no les haremos el cuento largo, a pesar del que el bosque estaba repleto de aves, y lo sabemos porque su canto resonaba por todos lados, vimos tal vez dos y de lejos, a pesar de ir a varios parajes no hubo gran acercamiento.
Para esta parte del recorrido tuvimos la guía de Fermín Rosas que es un observador de aves reconocido, y nos explicó que al ser un grupo amplio de personas las aves no se acercan. Comentó que en su trabajo el pasa largos ratos en silencio para observar a las aves, las cuales registra en una bitácora que sirve para saber que especies hay en la zona.
Asimismo, Jesús García de la brigada forestal Camaleones nos contó como llevan estas experiencias a las escuelas de la zona, con el fin de que las nuevas generaciones respeten la vida silvestre. Relató que corrieron de la reserva a una banda que sustraía aves para la venta ilegal, las cuales mueren pronto al estar enjauladas, dijo que la primera señal de su depresión es que dejan de cantar.
Son muchas historias, experiencias y mensajes con los que nos fuimos, pero finalmente se necesita el apoyo de la sociedad para preservar estos lugares, que albergan a animales y plantas únicas.