Se estima que 1 % de la población mundial padece este trastorno; aparece con mayor frecuencia en personas adultas mayores, quienes atraviesan situaciones de abandono, pérdidas significativas o soledad
Síndrome del arca de Noé: afecto a animales patológico
Entre los trastornos de la psiquiatría y la psicología clínica, identificados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) se encuentra el síndrome del arca de Noé, el cual se caracteriza por la acumulación de animales domésticos, a los que la persona no logra proporcionarles los cuidados adecuados y niega o no reconoce la falta de asistencia.

Si este desorden no es atendido puede ser causante de sufrimiento, enfermedad o muerte de los animales; así como el deterioro de la salud de la persona afectada por este trastorno.
El nombre del síndrome hace referencia al personaje bíblico Noé, quien construyó un arca en la que viajaron animales de todas las especies durante el llamado diluvio universal.
En entrevista por separado, los especialistas de la UNAM, Hugo Sánchez Castillo, profesor de tiempo completo de la Facultad de Psicología (FP), y Claudia Edwards Patiño, etóloga y profesora de asignatura en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVyZ), comentaron respecto de esta patología poco conocida por la sociedad.
“Este síndrome se define como una compulsión en cuanto a la acumulación, en este caso, de seres vivos”, explicó Sánchez Castillo.
El jefe del Laboratorio de Neuropsicofarmacología y Estimación Temporal de la FP dijo que si bien algunas personas confunden esta patología con el síndrome de Diógenes, existen diferencias claras.
“En el síndrome de Diógenes hay abandono y desapego material que derivan en acumulación de basura o descuido del entorno. En cambio, en el síndrome del arca de Noé lo que se acumula son animales, lo cual genera un contexto muy distinto”, aclaró.
De acuerdo con Sánchez Castillo, este trastorno aparece con mayor frecuencia en personas adultas mayores, quienes atraviesan situaciones de abandono, pérdidas significativas o soledad.
“Muchos casos están relacionados con lo que se llama el síndrome del nido vacío: los hijos se van, fallece la pareja y la persona queda sola en un espacio grande. Entonces, los animales aparecen como una fuente de afecto y compañía, pero la acumulación se vuelve patológica”, subrayó.
El universitario reconoció que no hay estadísticas al respecto, pero algunos estudiosos calculan que el síndrome es padecido por el 1 % de la población mundial; indicó que la tendencia cultural a normalizar la adopción múltiple de mascotas puede favorecer la aparición de este fenómeno.
“Hoy es común que alguien tenga tres o cuatro gatos y la sociedad lo vea como alguien defensor de los animales. El problema surge cuando en un departamento reducido conviven varios animales: ahí hablamos de hacinamiento y de un riesgo sanitario serio”, alertó.
Respecto al tratamiento, Sánchez Castillo enfatizó que la intervención debe ser integral. “Se requiere terapia psicológica, y en casos más graves, apoyo farmacológico con antidepresivos o ansiolíticos. La familia desempeña un papel fundamental, pues muchas veces el rechazo social incrementa la patología. El proceso de desprenderse de los animales no puede ser de un día para otro, debe hacerse de forma paulatina y acompañada”.
Hugo Sánchez reconoció que, aunque está reconocido en el DSM-5, en realidad muy pocas instituciones en el país tienen personal capacitado para atender el síndrome del arca de Noé.
El especialista en farmacología conductual hizo hincapié en no confundir esta actitud de las personas como un gesto de amor desbordado hacia los animales, sino que se reconozca como una patología que requiere atención clínica y social.
Por su parte, Claudia Edwards abordó el tema desde el punto de vista de la etología (estudio del comportamiento de las especies animales), y apuntó que este síndrome es una problemática creciente que combina maltrato animal, afectaciones a la salud pública y vacíos legales; además, advirtió sobre el impacto profundo en el bienestar de los animales y en la vida de las personas que lo padecen.
“En general, los animales sufren muchísimo en estas condiciones. Cuando hay acumulación excesiva, las personas son incapaces de dar los cuidados básicos y el bienestar se ve comprometido en todas las áreas”, mencionó la especialista.
Para evaluar ese bienestar, Edwards Patiño se apoyó en los llamados cinco dominios: nutrición, ambiente, salud, conducta y estado mental.
En la nutrición, abundó, los animales suelen encontrarse en “condiciones severas de inanición. Están desnutridos, deshidratados, débiles y enfermos. Mentalmente, la falta de alimento y agua genera desesperación, frustración y, en muchos casos, depresión”.
Respecto al ambiente, la acumulación implica hacinamiento, falta de higiene y exposición constante a heces y orina. “Cuando hacemos rescates tenemos que usar mascarillas, porque los niveles de amoníaco son tan altos que dañan las mucosas de ojos y nariz. Los propios animales padecen irritaciones y enfermedades derivadas de estas condiciones insalubres”, apuntó.
En la dimensión de la salud, los riesgos aumentan debido a la ausencia de cuarentenas y la reproducción descontrolada. “Los animales están pariendo todo el tiempo, transmitiéndose enfermedades entre ellos. Viven con inmunidad baja por la mala alimentación y el estrés severo”.
Además, subrayó, la conducta también se altera. “Los animales pueden pelear por los escasos recursos, presentar miedo, ansiedad o incluso agresión defensiva. Muchos nunca han tenido contacto humano, lo que complica su rehabilitación”.
Uno de los factores que agravan este fenómeno es la falta de esterilización y control poblacional. “Definitivamente esterilizar es un acto de amor, tanto para quienes tienen pocos animales como para los de la calle, porque vivir en hacinamiento es terrible y vivir en calle también lo es”, afirmó la etóloga.
El rescate de animales en estas condiciones implica grandes retos. “Muchas veces los albergues no tienen espacio para recibir más de cien animales de un caso, y terminan fragmentando los grupos sociales que los perros o gatos habían formado, lo que también les provoca sufrimiento”.
La experta remarcó que enfrentar el síndrome del arca de Noé requiere una estrategia multidisciplinaria. “No se trata sólo de castigar. Muchas de estas personas necesitan tratamiento psicológico. Por eso hemos propuesto que en la Ley General de Bienestar Animal se considere la atención especializada para quienes caen en acumulación”.

Para finalizar, recordó los avances legislativos recientes: “Todos los estados ya tienen leyes de protección animal y penalizan el maltrato en sus códigos”.
Ante esto, los especialistas de la UNAM insisten en visibilizar este trastorno y advertir que representa un problema complejo que rebasa la idea del amor por los animales: combina factores psicológicos, sociales y de salud pública que requieren atención especializada y multidisciplinaria.
Reconocer esta patología es el primer paso para brindar apoyo a quienes la padecen, proteger a los animales involucrados y evitar riesgos sanitarios para la sociedad.

