La magnitud del problema se refleja en estimaciones nacionales que sugieren que cerca del 12% de la población de México, alrededor de 13 millones de personas, vive con ERC
Diagnóstico tardío de enfermedad renal
Por Ana Aguilar
Gerente Sénior de Enlace Médico-Científico para Latinoamérica en Fresenius Medical Care
La enfermedad renal crónica (ERC) es uno de los retos de salud pública más serios en México. También es una enfermedad ampliamente subdiagnosticada. A pesar de ubicarse entre las principales causas de muerte en el país, muchas personas desconocen que la padecen hasta que alcanza una etapa avanzada. Cuando aparecen los síntomas, los pacientes pueden requerir diálisis o incluso un trasplante, lo que convierte al diagnóstico temprano en uno de los retos de atención médica más urgentes y desatendidos del país.

De acuerdo con el estudio Global Burden of Disease 2021, la ERC causó 69,052 muertes en México en 2021 y se ubicó como la quinta causa de muerte en el país. Muchos de estos casos podrían identificarse antes mediante pruebas de detección rutinarias en personas con mayor riesgo.
La magnitud del problema se refleja en estimaciones nacionales que sugieren que cerca del 12% de la población de México, alrededor de 13 millones de personas, vive con ERC, aunque la cifra real podría ser aún mayor porque muchos casos permanecen sin detectar en sus primeras etapas.
Uno de los mayores retos es que una proporción importante de los casos permanece sin diagnóstico durante años. Debido a que la ERC suele avanzar sin síntomas perceptibles, muchos pacientes inician tratamiento cuando la función renal ya se encuentra significativamente comprometida, lo que reduce las oportunidades de desacelerar la progresión de la enfermedad y prevenir complicaciones. Esta evolución silenciosa sigue siendo uno de los principales retos que enfrenta el personal clínico en el manejo de la enfermedad.
El diagnóstico tardío también genera una carga financiera considerable. El Instituto Nacional de Salud Pública de México estimó costos anuales de tratamiento cercanos a US$9,000 por paciente dentro de los sistemas públicos de salud del país. La Secretaría de Salud ha advertido que ningún sistema de salud cuenta con capacidad económica o de infraestructura suficiente para atender esta condición a gran escala. Esto cobra especial relevancia cuando los pacientes llegan a la etapa terminal de la enfermedad renal. Además del impacto económico, el diagnóstico tardío aumenta la presión sobre hospitales, especialistas y servicios de atención renal, al tiempo que limita las oportunidades de desacelerar la progresión de la enfermedad y mejorar los resultados para los pacientes.
La enfermedad renal puede detectarse antes de que aparezcan los síntomas. La detección oportuna debe integrarse a la atención primaria, especialmente para personas con factores de riesgo como diabetes, hipertensión, obesidad o enfermedad cardiovascular, que incrementan el riesgo de daño renal. Ampliar el conocimiento y las pruebas de detección rutinarias entre poblaciones en riesgo puede ayudar a identificar la enfermedad renal con mayor anticipación, cuando existe una mayor oportunidad de desacelerar su progresión y prevenir complicaciones.
La conversación sobre salud renal debe comenzar antes de que el tratamiento sea inevitable. Identificar la enfermedad renal en sus primeras etapas permite al personal clínico intervenir antes y mejorar los resultados a largo plazo.
Cuando el diagnóstico llega tarde, las opciones se reducen y aumenta la demanda de atención especializada. Para algunos pacientes, el trasplante renal representa la mejor opción de tratamiento, aunque la demanda continúa superando ampliamente la capacidad disponible. En 2024, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud y del Centro Nacional de Trasplantes citadas por la UNAM, 16,675 personas esperaban un riñón en México, mientras que ese año se realizaron únicamente 2,723 trasplantes renales.

El diagnóstico tardío también tiene implicaciones más allá del acceso al tratamiento. Los pacientes que ingresan a atención con una enfermedad más avanzada suelen requerir un manejo clínico más complejo y continuo, lo que refuerza la importancia de la continuidad de la atención a lo largo de todo el recorrido del paciente.
Ante esta situación, la prevención y la detección temprana son recomendaciones médicas y también estrategias que pueden ayudar a salvar vidas, reducir complicaciones, retrasar la progresión de la enfermedad y mejorar los resultados a largo plazo. Para Fresenius Medical Care, mejorar la salud renal comienza con un diagnóstico temprano, seguimiento continuo y acceso oportuno a la atención. Cuanto antes se identifique la enfermedad renal, mayor será la oportunidad de desacelerar su progresión, reducir complicaciones y ayudar a los pacientes a conservar su calidad de vida.
