El especialista Alejandro Olivera advierte que la vaquita marina continúa en peligro crítico de extinción y que el último censo, realizado en 2025, registró entre siete y diez ejemplares
Vaquita marina: menos de 10 ejemplares sobreviven
La vaquita marina enfrenta uno de los escenarios de conservación más críticos del mundo. El pequeño cetáceo endémico del Alto Golfo de California continúa en peligro crítico de extinción y su población se mantiene por debajo de los diez ejemplares, de acuerdo con el último censo mencionado por el especialista Alejandro Olivera.

A pesar de la drástica reducción de su población, la especie todavía ofrece señales que mantienen la esperanza entre los investigadores: durante los últimos monitoreos se han registrado crías en buen estado de salud y también se han detectado mediante micrófonos submarinos los sonidos que producen estos animales.
Sin embargo, la permanencia de redes utilizadas para la pesca de camarón y, particularmente, las empleadas para la captura ilegal de totoaba, mantienen a la especie bajo una presión constante. Olivera advierte que diversas medidas de protección establecidas desde hace años todavía no se han implementado plenamente y que la falta de vigilancia y cumplimiento de las disposiciones ha permitido que las amenazas continúen.
En entrevista con Prensa Animal, el especialista habló sobre el estado actual de la vaquita marina, las medidas que siguen pendientes, el problema de la pesca ilegal y la necesidad de mayor transparencia en la información relacionada con la protección de la especie.
Pregunta: ¿Cuál es la situación actual de la vaquita marina?
Alejandro Olivera: Desafortunadamente, la vaquita marina sigue en peligro crítico de extinción. Desde el último censo, realizado en 2025, se observaron entre siete y diez ejemplares. Son muy pocas vaquitas las que quedan en el mundo y continúan amenazadas, principalmente por las redes utilizadas para pescar camarón y por las redes empleadas para capturar totoaba, una actividad totalmente ilegal.
La situación es grave. Afortunadamente, en los últimos censos se han observado crías en buen estado de salud, lo que significa que las vaquitas se siguen reproduciendo a pesar de su pequeño tamaño poblacional.
Durante este año y el anterior no se ha realizado un censo para contar a todos los ejemplares, porque es muy difícil hacerlo. Los científicos utilizan micrófonos submarinos dentro del hábitat de la vaquita para detectar sus frecuencias, sus llamados y sus comunicaciones. Durante este año y el pasado se han seguido escuchando.
Esperemos que este año se vuelva a realizar otro censo. Sin embargo, por más que se cuenten las vaquitas de un año para otro, es imposible que su población crezca rápidamente con tan pocos ejemplares.
Pregunta: ¿Cómo interpreta la observancia que ha tenido la situación de la vaquita marina? ¿Existe transparencia o hay opacidad?
Alejandro Olivera: El censo afortunadamente lo realizan científicos especializados. Los expertos más reconocidos a nivel mundial participan en el registro de los avistamientos, los sonidos y la presencia de las vaquitas. En cuanto a los datos científicos existe transparencia y sabemos cuál es la situación real.
Donde sí existe opacidad es en muchos de los programas de gobierno. Hace falta implementar muchas medidas que ya existen en la ley y que la propia legislación mandata, pero que todavía no se cumplen. Esto lleva muchos años así y, debido a que estas disposiciones no se cumplen, la vaquita continúa amenazada.
Pregunta: Con una población tan pequeña, ¿todavía se puede hablar de una posibilidad de recuperación?
Alejandro Olivera: Hay estudios genéticos porque llega un momento en que son tan pocos organismos que no sabemos si podrán sobrevivir y lograr que la población se incremente.
Sin embargo, estos estudios hablan de que la vaquita ha sido resiliente y que, a pesar de la poca variabilidad genética que conserva la población, existe la posibilidad de una recuperación. En ese sentido hay optimismo por parte de los científicos que han estudiado a la especie.
Mientras se sigan observando y escuchando, las vaquitas están presentes, continúan teniendo una función dentro del ecosistema y siguen reproduciéndose. Como decía, se han observado crías.
Todavía no se puede hablar de una extinción, pero si no se eliminan las redes y las amenazas, la especie podría dirigirse hacia ese escenario.
Pregunta: ¿Continúan las amenazas de las redes de pesca?
Alejandro Olivera: Sí. Desde 2020 se prohibió el uso de redes de camarón, las redes agalleras, y se han seguido utilizando. Ya van casi seis años desde que se publicaron esas reglas y todavía no se cumplen.
Se siguen utilizando redes de camarón que representan un problema para la vaquita y continúa la pesca ilegal de totoaba.
Además, las pangas deberían contar con GPS para ser monitoreadas, pero esto todavía no está implementado de manera general. No todas las embarcaciones cuentan con estos dispositivos para su monitoreo.
Hacen falta muchas cosas todavía y ni la pasada administración ni la actual han podido resolver completamente el problema.
Pregunta: ¿Existe voluntad por parte de la actual administración? ¿Cómo evalúa lo ocurrido con la administración anterior y la actual?
Alejandro Olivera: Con la administración pasada hubo un retroceso impresionante. Todo lo que se había ganado se fue para atrás; prácticamente empezamos de cero y reinó la impunidad.
Esta administración ha querido cambiar las cosas, pero ya es una bola de nieve tan grande que se dejó crecer durante la pasada administración y que no se va a detener fácilmente. Así lo han demostrado los hechos: no se ha podido resolver en el tiempo que lleva esta administración.
No sabemos hasta cuándo se podrán solucionar los problemas que se vienen arrastrando durante muchos años. Vemos una mejor disposición que en el pasado, pero todavía esa disposición no se concreta en acciones.
Pregunta: ¿Fue entonces un retroceso importante en la protección de la vaquita?
Alejandro Olivera: Fueron varios pasos hacia atrás. Todo el cuidado y todo lo que había para la protección de la vaquita marina prácticamente se acabó en 2018. Fueron varios pasos hacia atrás y se abandonó prácticamente el tema.
Pregunta: ¿En qué aspectos se produjo ese retroceso y qué tan grave fue?
Alejandro Olivera: Principalmente en la implementación de la eliminación de las redes prohibidas. Se siguen utilizando. Ni la pasada administración pudo hacerlo ni esta administración ha podido hacerlo.
Incluso existe todavía una intención de legalizar algunas de estas redes y de reducir la zona de protección de la vaquita marina.
Ese ha sido el mayor problema que se ha arrastrado durante todos estos años, porque la principal amenaza para la vaquita son las redes. Si quitamos las redes que la dañan, se va a observar un gran avance.
Suena muy fácil, pero han pasado muchos años y ninguna administración lo ha logrado. Por eso ahora quedan menos de diez vaquitas.
Pregunta: ¿Por qué no se han podido retirar estas redes?
Alejandro Olivera: Una de las razones son las redes utilizadas para pescar totoaba. La totoaba también es un pez en peligro de extinción y está muy cotizado en Asia.
Lo que se extrae es un órgano llamado vejiga natatoria, que ayuda a los peces a flotar. Se procesa, se seca y es muy codiciada en Asia. Existe un tráfico importante de este órgano y se les paga a los pescadores cientos de dólares por cada vejiga, dependiendo del tamaño, incluso ahí mismo en la playa.
Es una actividad muy redituable. A la totoaba incluso se le dice “la cocaína del mar” por los precios que alcanza, y existe participación del crimen organizado. Con estos precios y con el crimen organizado involucrado, las redes no se han podido retirar fácilmente.
Por otro lado están las redes para pescar camarón. No se ha trabajado suficientemente en una alternativa. Existen algunas propuestas, pero no se han implementado y el sector pesquero no las ha querido adoptar.
Estamos hablando de redes que miden 800 metros o más. Son redes que se introducen en el agua y permanecen ahí durante horas, atrapando todo tipo de organismos, no solamente camarones.
Son muy destructivas y ese ha sido el principal método para pescar camarón, que representa uno de los principales sustentos de las comunidades del Alto Golfo. No se ha logrado una transición hacia otros métodos de pesca.
Pregunta: Recientemente se anunció que se reservaría información relacionada con la vaquita marina. ¿Cómo interpreta esta decisión?
Alejandro Olivera: Como una gran opacidad.
Estamos esperando desde 2020 que se instalen GPS en las pangas. De hecho, hice una solicitud de información a la Conapesca para que me proporcionara los datos de los pocos GPS que ya habían sido instalados y esa información fue reservada como confidencial durante muchos años.
Entonces uno se pregunta qué quieren esconder. ¿Cuál es el problema de que la población pueda conocer si las pangas están entrando a zonas prohibidas o no?
Conapesca está ocultando esa información.
Pregunta: Finalmente, ¿qué mensaje considera importante destacar sobre la situación de la vaquita marina?
Alejandro Olivera: Que se sigue escuchando a las vaquitas. Este año se han seguido detectando sus sonidos. Las vaquitas siguen ahí.
No es fácil que hayan podido sobrevivir con tantas redes en el agua y todavía existe una esperanza para la población.
Es desafortunado y muy triste que queden tan pocas, pero el hecho de observar crías saludables da un poco de esperanza para la vaquita.
La supervivencia de la especie, sin embargo, continúa dependiendo de que sus principales amenazas sean atendidas y de que las medidas de protección existentes se traduzcan efectivamente en acciones.
