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Un porcentaje significativo de personas desconfían de la transparencia de los resultados y el convencimiento que en las elecciones

Observación electoral 2018. Una mirada desde los derechos humanos

Por Instituto de Investigación y Estudios en Cultura de Derechos Humanos/ Cultura DH 

Las elecciones de 2018 representaban para México una prueba de fuego, ya que nos encontrábamos en presencia de la elección más grande de la historia del país y los ojos del mundo estaban puestos en ella.

Ante este escenario, desde el Instituto de Investigación y Estudios en Cultura de Derechos Humanos (CULTURADH), consideramos oportuno realizar una mirada del proceso electoral desde un ángulo diferente. Un ángulo que cambia el paradigma de análisis. Un ángulo que hace foco en los derechos humanos.

Ante este gran desafío, creímos necesario sumar el enfoque crítico y experto que aporta la visita extranjera de las personas invitadas.  Helen Mack, Guatemala. Matías Arregger, Argentina. Isabela Boada, Venezuela. Alejandro Castillo, Honduras; todos ellos integrantes de nuestro Consejo Académico.

Así, el enfoque de derechos humanos lo abordamos desde dos perspectivas diferentes. Por un lado, la interacción con el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM. Por el otra, CULTURADH organizó un encuentro con organizaciones y personas representantes de la sociedad civil, lo que permitió la interacción con distintos actores claves y colectivos de la ciudadanía.

Partimos de una mirada crítica, que permita observar cómo interactúan los derechos humanos en el marco de un proceso electoral. Precisando que, cuando hablamos de derechos políticos debemos hacerlo desde una visión amplia e integral de los mismos, al tener claro que hablamos de derechos humanos cuya relevancia es fundamental, pues en conjunto con otros derechos como la libertad de expresión, la libertad de reunión y la libertad de asociación, hacen posible las condiciones democráticas. Es por ello qué, en el sistema de protección internacional de los derechos humanos, la participación política es el derecho político por excelencia. Se trata de la posibilidad de diseñar y decidir nuestro destino, darle un rumbo a nuestras vidas en la dirección de aquello que consideramos mejor como personas y como una colectividad. Se trata, sin más, de fortalecer la democracia, la cual resulta ser el mecanismo natural para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos.

¿Que observamos durante el proceso electoral?

  • Alarmante violencia política. Desde el mes de septiembre de 2017 hasta el pasado 1ro de julio de 2018 da como resultado145 personas asesinadas relacionadas directa o indirectamente con el proceso electoral. Lo cual nos enciende al máximo las alarmas de estar en presencia de un nuevo modus operandi. Afectación directa a la víctima y sus familiares e incidencia indirecta de forma negativa en el resto de los ciudadanos, afectándose así un derecho humano fundamental. Notamos con particular preocupación la minimización, por parte de las autoridades, sobre la gravedad de los niveles de violencia.
  • Violencia política de género. México ha dado pasos sustantivos en el logro de la paridad electoral, los cuales ya reportan logros contundentes. Mas observamos con preocupación el tratamiento de las candidaturas femeninas desde los medios de comunicación, donde prevalecen comentarios sexistas. Como también violencia política de género en el interior de los propios partidos políticos.
  • El fantasma del fraude. Desde una perspectiva subjetiva, observamos un porcentaje significativo de personas desconfían de la transparencia de los resultados y el convencimiento que en las elecciones, el fraude inevitable. Si bien, la holgada diferencia que obtuvo el ganador ayudará a mitigar, de cierta manera, la sensación de la existencia de fraude, consideramos que este fenómeno deberá ser abordado por las autoridades, ya que la percepción es igual o más importante que la realidad. Resulta muy difícil construir una verdadera y legítima democracia cuando la ciudadanía no confía en que su voto libre y secreto será el fiel reflejo del resultado final de una elección y que sus instituciones serán garantes de dicho resultado.
  • Mecanismos de coacción. Una vez más dijeron presente, afectando los sectores más vulnerables. Se trata pues, de una conducta que no debe normalizarse como una astucia política, sino como una conducta despreciable y reprochable que muestra la peor cara de un sistema democrático. Una conducta que corroe y afecta directamente la democracia y los derechos humanos.
  • Condiciones y representación política de las personas en situación de vulnerabilidad o en condiciones vulneradas. Quedó en evidencia que un cuerpo normativo robusto no fue suficiente para garantizar la inclusión de todas las personas, siendo necesario realizar un riguroso seguimiento sobre su implementación. Necesidad de monitorear y evaluar la capacitación de las personas que actúan como funcionarios de casillas. Existencia de problemas a la hora de aplicar el protocolo transitorio.
  • Personas con discapacidad. Existencia de material electoral para que las personas ciegas pudiesen ejercer el voto y adaptación de espacios para personas con movilidad reducida. Celebramos la incorporación del protocolo tendiente a incluir a dicho grupo que ha estado históricamente marginado de los procesos electorales. Sin embargo, creemos que para una verdadera inclusión es necesario que se generen mecanismos para incorporar un porcentaje mayor de personas con discapacidad en las casillas.
  • Personas de pueblos y comunidades indígenas. Existen 68 Pueblos Indígenas que suman 25.694.928 de personas, de las cuales 1 de cada 10 hablan lengua indígena, no habla español. Ante esta situación, pudimos constatar que las autoridades competentes no incorporaron información en otro idioma además del español, lo cual representa una clara violación al Derecho Humano a estar Informado y limita abiertamente la participación de dichas personas. Consideramos imperativo para el logro de unas elecciones incluyentes, que se produzca información electoral en las lenguas indígenas.
  • Personas en condición migrante. De acuerdo con el Instituto Nacional Electoral votaron en el extranjero 98 mil 470 compatriotas desde diferentes naciones, de los cuales 36 mil 863 votos (26.75%) fueron para Andrés Manuel López Obrador; 26 mil 344 sufragios (26.75%) se dirigieron para Ricardo Anaya; 4 mil 613 votos (4.28%) fueron para José Antonio Meade, y mil 868 votos (1.90%) se dirigieron para Jaime Rodríguez Calderón. Asimismo, los países con mayor número de sobres que se recibieron para elegir presidente procedieron de Estados Unidos (76 mil 174), Canadá (5 mil 42), y España (2 mil 989). En este caso, las organizaciones con las que nos reunimos, expresaron su preocupación por la burocracia que tienen que pasar los migrantes para poder emitir su voto, donde las autoridades prometieron que podrían realizar un voto electrónico desde el extranjero y tendrían su credencial a tiempo, ninguna de las dos cosas ocurrió. Así mismo, recibir información de cómo poder votar fue confusa, poco precisa y obsoleta pues realizar su voto a partir del correo postal –dicen- es desperdiciar los recursos tecnológicos, lo mismo aducen del INETEL que era la líne telefónica a donde podían recurrir para obtener orientación, no funcionó ni en tiempo y forma. Y la población migrante cuenta y eso cualquier gobierno y autoridad tendrían que reconocerlo para otorgar todas las facilidades posibles.
  • Capacitación y participación ciudadana

En el mismo sentido, el INE destacó que fueron capacitados 2 millones 760 mil 698 ciudadanos, entre los cuales fueron designados cerca de un millón 400 mil funcionarios, los cuales operaron las 157 mil casillas instaladas durante la jornada electoral del 1 de julio, y esta capacitación comenzó el 9 de mayo. A su vez, el mismo instituto reportó que de 89 millones 123 mil 355 como población que se encontraron en la lista nominal solo participó el 63.4%, es decir, votaron más de 56 millones 500 mil mexicanos.

En este caso, desde la postura de CULTURADH es necesario abrir la educación civica a una visión mucho más amplia de construcción de ciudadanía, es decir, hacer de estos ejercicios un campo abierto para trabajar todo el proceso desde una lógia en la que se preparé a la ciudadanía en una visión integral de los derechos humanos, y cómo éstos impactan su forma de vida y en sus elecciones políticas, qué mejor que sea el INE, el IECM y las Comisiones de derechos humanos quiénes retomen conjuntamente una política integral de la enseñanza de los derechos humanos, sus implicaciones e impacto en la vida democrática de un país.

Proponemos entonces, que las instancias encargadas de la formación ciudadana, unan esfuerzos para generar procesos de transformación social mediante la construcción de una cultura de derechos humanos, donde la ciudadanía se forme de manera permanente para analizar de manera sencilla su propia realidad en relación a los sistemas democráticos, donde pueda también identificar comportamientos y resultados y finalmente dar seguimiento a sus gobiernos y sus representantes para exigir transparencia y rendición de cuentas.